viernes, 18 de noviembre de 2016

PARIDADES Y SOBRERREPRESENTACIÓN EN EL DERECHO AUTONÓMICO

Como ha afirmado el profesor Javier García Fernández, catedrático de Derecho Constitucional, no hay solo un sistema electoral admisible, por lo que cada país (y cada comunidad autónoma) ha de buscar el que mejor se adapte a su propia realidad y a sus necesidades políticas. Asimismo, ningún modelo electoral es neutral, pues todos potencian un aspecto de la representación en detrimento de otros que también merecen consideración y respeto.

En cualquier caso, todos los sistemas electorales autonómicos deben partir del artículo 152.1 de la Constitución, que no solo establece que la organización institucional autonómica se basará en una Asamblea legislativa, elegida por sufragio universal, con arreglo a un sistema de representación proporcional, sino que, además, ha de asegurar la representación de las diversas zonas del territorio. Y en este sentido, todos los estatutos de autonomía han tendido a sobrerrepresentar a las circunscripciones menos pobladas, y consiguientemente a subrrepresentar a las más pobladas. Es verdad que los Acuerdos Autonómicos de 31 de julio de 1981 (apartado 4.1.5º) dispusieron que la corrección territorial entre las circunscripciones con menor y mayor censo electoral debía oscilar entre 1 a 1 y 1 a 2,75, pero también advirtieron que esto debía ser así, salvo que las fuerzas políticas  propusieran de común acuerdo otra fórmula, como ocurrió finalmente en Canarias y en otros territorios.

Luis López Guerra, también catedrático de Derecho Constitucional y ahora magistrado del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, ha escrito que la sobrerrepresentación no tiene por qué ser negativa, y se explica: (1) siempre que la ventaja no sea evidentemente desproporcionada y (2) siempre que sirva para alcanzar objetivos necesarios para la comunidad política, como el de colocar en una posición de igualdad efectiva a los electores de zonas desfavorecidas.

Pero vamos al grano. Aunque gran parte de la doctrina considera a las paridades canarias como algo “extravagante”, en el Derecho autonómico español encontramos algún ejemplo parangonable, en particular el modelo vasco, que reparte equitativamente 75 diputados entre los tres territorios históricos. En este caso, resulta intrascendente que su Estatuto no califique el régimen de sufragio como igual, y si bien el nivel de sobrerrepresentación o de “prorrateo desviado” (malapportionment) que se produce es menor, el diseño y su propósito son asimilables al canario. El profesor de Ciencia Política de la UPV Alfredo Retortillo explica, como justificación, que la autonomía vasca no es un sujeto unitario, sino la suma de los derechos de los tres territorios históricos.

Los otros modelos autonómicos cercanos al canario son aquellos en los que se establece un número amplio de diputados de partida. Un ejemplo próximo puede ser el de Galicia (22 A Coruña, 19 Pontevedra, 15 Lugo y 15 Orense, en 2001), que hoy asigna 25 diputados A Coruña, 22 Pontevedra, 14 Lugo y 14 Orense, con un número mínimo de salida de 10 diputados por provincia o circunscripción. El número de parlamentarios de partida es aun de 13 en Aragón (35 Zaragoza, 18 Huesca y 14 Teruel), con el nivel de sobrerrepresentación más alto del país después de Canarias y Baleares, aunque sin que se logre una paridad quizá aconsejable, pues en este caso la suma de Huesca y Teruel alcanza los 32 diputados por los 35 de Zaragoza. Por fin, en la Comunidad Valenciana (40 Valencia, 35 Alicante y 24 Castellón) y Extremadura (36 Badajoz, 29 Cáceres) se distribuyen hasta 20 diputados de forma paritaria.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

CARLOS NAVARRO “EMILIANO”, IN MEMORIAM

El nombre de Carlos Navarro, más conocido por “Emiliano” (Santa Cruz de La Palma, 1956-2016), está íntimamente ligado al de la U.B. La Palma, y antes al del C.B. La Palma. A decir verdad, el baloncesto palmero no se puede entender sin hablar de Carlos Navarro “Emiliano”, santo y seña del basket insular durante tantos años.

Navarro debutó con el antiguo C.B. La Palma de Pancho Martín en la temporada 1973-1974 (Tercera División), con apenas 17 años, en un equipo en el que ya destacaban otros jóvenes de su generación: Quique Álvarez, Manolo de las Casas o Isidro Castro. Fue en un partido de rivalidad insular contra el Valle de Aridane. Antes había sobresalido en equipos de la competición de verano, como el Play Boy de Facundo Daranas, para asentarse a continuación durante años como una de las referencias ineludibles del histórico Buitres.

Pero podemos decir que Emiliano es un producto de Monsalve. Sí, de Moncho Monsalve, que dirigió al equipo representativo insular en la temporada 1974-1975 en Segunda División. Con el pucelano, el jugador palmero maduró y mejoró técnica y tácticamente de forma notable. El año siguiente (1975-1976) ya era esencial en la formación de Pancho Martín, letal desde el perímetro acompañando al estelar David Kundla. El quinteto lo completaban Víctor Acosta [Donato] o Roberto Estrello como bases y Quique Álvarez y Alejo Cabrera en la pintura. Aquella fue una temporada de ensueño, en la que solo tres puntos ante el Lliria en Valladolid apartaron al club de un merecido ascenso al grupo único de Segunda División Nacional (lo que luego fue Primera B y hoy LEB).
 
C.B. La Palma 1974-75 (con Moncho Monsalve)
Su explosión no pasó desapercibida para los que entendían de este deporte. El palmero Heriberto Fernández lo incorporó a la disciplina del Unelco en la temporada 1977-1978, en la que se convirtió en el máximo anotador de la formación, y el legendario Pepe Cabrera (palmero, a la sazón) lo fichó para el Canarias Caja Rural el curso siguiente (1978-1979). Fue el año de los cinco palmeros en el C.B. Canarias: Aciego, De las Casas, Emiliano, Méndez y Martín Sa.

C.B. Canarias C. Rural 1978-79
Regresó al terruño en 1979, en la segunda temporada completa de la U.B. La Palma (1979-1980) y una de las más exitosas. En disputada lid con el Cisneros de Tenerife, se firmó el subcampeonato en Tercera División. Luego, “El de las lavadoras” (incluido un curso sabático) cumplió hasta once temporadas más siendo, en anotación, el "martillo pilón" del equipo palmero. Tiro y contraataque. A su vera creció José Luis López “Azucarera”. Cuando el club perdió la categoría en 1984, él solo se bastó para devolverlo a Segunda División con una actuación espectacular ante el Realejos Maritim en la Avenida de Anaga, que todavía cuentan asombrados sus propios compañeros de entonces. Estamos en la temporada 1984-1985.

Más tarde, con el equipo asentado en la categoría y ya con más de treinta años, Emiliano siguió aportando puntos y experiencia a su equipo del alma hasta la temporada 1990-1991. Hoy no están ni la U.B. La Palma ni Emiliano. El baloncesto palmero está de luto, pero de luto, luto. D.E.P.


U. B. La Palma 1987-88
U.B. La Palma 1982-83

viernes, 4 de noviembre de 2016

ACENK GALVÁN Y LOS ORÍGENES DE LA TRIPLE PARIDAD

Como cuestión previa, conviene recordar que el proyecto de Estatuto de Autonomía de Canarias aprobado el 22 de diciembre de 1980 por la Asamblea de consejeros de las Mancomunidades Provinciales y de los diputados y senadores canarios realmente no recogía la regla de la triple paridad, sino una de doble paridad, pues no contemplada la correspondencia provincial. En este proyecto el parlamento autonómico estaba compuesto por 56 diputados: 14 por Tenerife y Gran Canaria; 7 por La Palma, 5 por La Gomera, 4 por El Hierro; 6 por Lanzarote y 6 por Fuerteventura. Las islas de Tenerife y Gran Canaria se repartían, pues, 14 diputados cada una, 28 en total, y las islas menores sumaban también 28 diputados. Pero la provincia de Santa Cruz de Tenerife disponía de 30 diputados y las de Las Palmas, de 26.

La paridad que sí recogía el primitivo proyecto estatutario era la que igualaba el número de diputados de las islas mayores y las menores, en cuya defensa fue imprescindible la labor del senador palmero Acenk Galván González (1917-1990), a la sazón vocal del consejo permanente y secretario del pleno de la Junta de Canarias. Lorenzo Olarte ha dicho lo siguiente sobre el particular: “Reconozco mi incapacidad para discutir la cuestión con Acenk Galván, habida cuenta de nuestras personalidades incompatibles en tantos temas, especialmente en la forma en que visceralmente defendía, como líder de La Palma, a las demás islas menores en cuyo líder también se convirtió a la hora de elaborar nuestro Estatuto”.

A decir verdad, para llegar a esos números, manteniendo el criterio poblacional (sobre el primer proyecto de Estatuto de la UCD), se hizo un auténtico ejercicio de “alta costura electoral”, que dirigió José Miguel Bravo de Laguna, y que partiendo de un mínimo de tres diputados por isla, establecía la siguiente distribución adicional: uno más cuando sus habitantes no excedieran de 10.000 (que daba entrada al cuarto de El Hierro), otro entre los 10.000 y 25.000 (que incluía al quinto de La Gomera), otro más entre los 25.000 y los 75.000 habitantes (para el sexto de Lanzarote y Fuerteventura), otro entre los 75.000 y los 125.000 (que permitía el séptimo a La Palma), y uno más por cada 75.000 habitantes más o fracción superior a mil (para los catorce que se repartían por cada isla mayor).

La triple paridad aparece por primera vez, tras una larga tramitación, en el Dictamen de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados en mayo de 1982, aunque aún sobre un parlamento con 56 diputados, cuando se asignan 7 a Lanzarote y otros tantos a Fuerteventura, reduciendo la representación de El Hierro a solo 2 diputados, y de cuya defensa se ocupó también el propio Bravo de Laguna, omnipresente en todo el proceso. A la Comisión pertenecían asimismo los canarios Antonio Alfonso Quirós y Jerónimo Saavedra. El desbloqueo, empero, se produce el 29 de abril de 1982, con el llamado Pacto de Medinaceli, en el que participan los parlamentarios canarios de UCD y algunos cargos orgánicos citados en un restaurante de este nombre, situado en la calle Duque de Medinaceli de Madrid. En aquel cónclave intervienen tanto Galván como el también palmero Juan Julio Fernández, diputado y presidente regional de UCD, que lo suscribe. Antes, en junio de 1981, los senadores Acenk Galván y Federico Padrón (El Hierro) llegaron a sentarse con el Grupo Mixto como protesta cuando atisbaron que se ponía en riesgo la paridad por una enmienda de su propio Grupo en el Congreso que proponía 30 diputados para las islas mayores y 20 para las menores.

jueves, 27 de octubre de 2016

ANTECEDENTES DE LA TRIPLE PARIDAD EN CANARIAS


Denominamos regla de la triple paridad o de las tres paridades a un criterio “no escrito” del sistema electoral canario sobre la distribución de escaños entre las islas que supone: igual número de diputados (1) entre Tenerife y Gran Canaria (15), (2) entre las provincias de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas (30) y (3) entre las islas capitalinas y no capitalinas (30). Algunos autores hablan incluso de cuádruple paridad (Hernández Bravo de Laguna, entre otros), esto es, igual número de diputados de las islas menores de cada provincia o de las islas menores y la isla mayor de la misma provincia, pero estas paridades no dejan de ser consecuencia lógica de las anteriores. Esta regla se impone, pues, a la llamada por la jurisprudencia francesa regla del "equilibrio demográfico".  

De las tres paridades, la idéntica representación entre islas mayores y menores (las otras no son más que fruto del secular “pleito insular”) es la más débil del sistema, porque –aparentemente– produce una importante desigualdad del voto de los canarios. En este sentido, López Aguilar la ha tachado de "perversamente antidemocrática", y otros autores la tildan, como poco, de “extravagante”. En su origen, esta regla era la que mejor se adaptaba a la realidad de las islas y a las necesidades políticas de entonces. A nuestro juicio, constituyó un ejemplo de solidaridad y generosidad, y de “alta costura electoral”, del primitivo redactor estatutario, a la que quizá no se deba renunciar. A decir verdad, sus fundamentos hunden sus raíces en la propia historia de nuestro autonomismo.

El primer antecedente de la “triple paridad” lo encontramos en la Asamblea de La Palma de 1910 (cónclave capital en el nacimiento de los cabildos insulares), donde actuó como ponente Pedro Pérez Díaz, y que se pronunció a favor de la existencia de una Asamblea Regional (en lugar de la Diputación provincial), compuesta por 24 representantes de los cabildos insulares, de acuerdo con una regla entonces de “doble paridad”: igual número de representantes de Tenerife y de Gran Canaria (6) e igual número de representantes de las islas mayores (12) y del conjunto de las menores (12), con esta distribución: La Palma (4), La Gomera (2), El Hierro (1), Lanzarote (3) y Fuerteventura (2). La única paridad que no se cumplía era la provincial: 13 representantes la provincia de Santa Cruz de Tenerife y 11 la de Las Palmas, pero téngase en cuenta que entonces no existían dos provincias.

El segundo antecedente lo hallamos en el proyecto de Estatuto de Autonomía redactado por el Colegio de Agentes Comerciales de Las Palmas durante la II República, el denominado proyecto de Junco Toral (por Antonio Junco Toral, diputado socialista por Las Palmas), que contemplaba un Consejo Regional, formado también por 24 consejeros, elegidos a razón de 6 por Tenerife y por Gran Canaria, 3 por La Palma, por Lanzarote y por Fuerteventura, 2 por La Gomera y 1 por El Hierro, lo que pone de manifiesto que la regla ya inspiraba a primitivos redactores estatutarios.

En 1976 encontramos el tercero, concretamente en la propuesta de Corporación Canaria de las Mancomunidades Provinciales Interinsulares de Santa Cruz de Tenerife y de Las Palmas. Ambas Mancomunidades, separándose del parecer de la Comisión Técnica, dirigida por el catedrático Alejandro Nieto y encargada de elaborar un “estudio preliminar sobre el régimen administrativo especial de las islas Canarias”, propusieron que este órgano regional estuviera compuesto por 36 miembros, en representación de los cabildos, de forma que su distribución garantizase la paridad entre islas: 9 por Tenerife y Gran Canaria; 5 por Lanzarote y 4 por Fuerteventura (9); 4 por La Palma, 3 por La Gomera y 2 por El Hierro. Total: 18 miembros por las islas mayores y 18 por la menores. Todos los cabildos asumían las paridades como principios: “Frente al criterio rigurosamente estadístico, en relación con la población de las islas, ha parecido más aconsejable utilizar los siguientes principios: Primero: se mantiene la igualdad rigurosa entre los diputados de las islas orientales y las occidentales. Segundo: dentro de cada grupo se establece un equilibrio entre las islas mayores y las menores independientemente de la densidad de población de cada una”.